Aznar intenta marcar el paso, por Màrius Carol

Dos décadas después que José María Aznar abandonara el palacio de la Moncloa, sigue influyendo en su partido por más que los diferentes presidentes del PP hayan intentado congelarlo en la historia. Su rechazo a la amnistía que estaría negociando el Gobierno en funciones, para conseguir los siete votos decisivos de Junts, no ha sido una opinión más, sino que se ha convertido en el toque de corneta para poner en marcha una sublevación ciudadana. La reacción verbal del Ejecutivo ha sido desproporcionada, sabedor de que Aznar pretende ser la voz del oráculo del PP. Lo que dijo se pareció en el fondo (no en la forma) a lo que habían proclamado la semana anterior Felipe González y Alfonso Guerra, pero en la Moncloa nadie se puso entonces nervioso. Isabel Díaz Ayuso ha sido la primera política popular en aplaudirlos.


 

Daniel González / Efe

Aznar seguramente ha leído a Shakespeare cuando le hace decir a Hamlet que podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirse rey de un espacio infinito. Que es una manera de explicitar que el poder no responde tanto a los cargos, como en la fe en uno mismo. Alberto Núñez Feijóo, que no se mueve a gusto en el ruido y coge frío en la galerna, no es contrario a movilizar a la gente en contra de una amnistía, pero es evidente que las reflexiones de Aznar no fueron el resultado de una estrategia compartida con la dirección del PP. Feijóo no quiere repetir la foto de la plaza de Colón, aquella protesta contra Sánchez que unió a PP, Vox y Cs hace cuatro años, pero que acabó teniendo coste electoral.

Ningún otro expresidente sigue influyendo tanto en su partido

La dirección popular prefiere que sea la sociedad civil la que se movilice, pero no desea ponerse delante de la manifestación. También se recuerda en Génova que la imagen de Mariano Rajoy recogiendo firmas contra el Estatut les alejó del catalanismo moderado, y hasta hoy.

El expresidente no soporta ser un jarrón chino. Como mucho aceptaría salir airoso de uno de ellos como Tintín en El loto azul. La radicalidad de sus palabras comparando la situación actual con la provocada por el terrorismo es un problema para el PSOE, pero juraría que también para el PP. Una cosa es marcar el paso y otra que con su marcialidad el partido tropiece.

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