Bélgica se compromete a seguirlo analizando la petición de oficialización de Cataluña en la UE

El último Consejo de Asuntos Generales (CAG) de la Unión Europea celebrado por la presidencia española no será el último en el que se debatirá la petición de España de incluir el catalán, el gallego y el euskera en el régimen lingüístico de las instituciones comunitarias. Bélgica, que sustituirá a España en la presidencia de turno del Consejo el 1 de noviembre, «ha confirmado que el Consejo dará seguimiento al asunto para proceder con las discusiones hasta su aprobación definitiva», anunció el Secretario de Estado del UE y el presidente de turno del CDO, Pascual Navarro, al finalizar la reunión, la cuarta en que los Veintisiete han analizado la petición española.

«Desde nuestra última reunión, si han avanzado en materia de evaluación de costes, análisis jurídico y otras consideraciones jurídicas y políticas», prosiguió Navarro, quien dejó constancia de que el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, respondió a un mapa al resto de a los países de la Unión para explicar el marco jurídico en el que se basa la propuesta española, que contiene condiciones para obtener el estatus oficial que cumplen las tres lenguas oficiales y que son «únicas» en Europa, el tema clave para apaciguar a Madrid Los temores de algunos países de que la luz verde a la petición española abra la puerta a una avalancha de demandas en el mismo sentimiento.

La Comisión Europea presenta su información de costes a los estados miembros

En esa carta lo que se ha encendido La VanguardiaEl Gobierno español define los cinco criterios que se deben dar: «tener su origen en un estado similar, tener reconocimiento constitucional en un estado similar, haber sido traducido a un ejemplar de los tratados en estas lenguas y haber sido depositado en el archivos del Consejo de conformidad con el artículo 55.2 del Tratado de la Unión Europea, ha instado a un Estado miembro a reconocerlo como lengua oficial y de trabajo de las Instituciones de la Unión y se ha comprometido a asumir todos los costes derivados de su uso en las Instituciones de la Unión» y, finalmente, «las lenguas de trabajo del Parlamento nacional de un Estado miembro».

«El Gobierno está trabajando con el servicio jurídico del Ayuntamiento para garantizar que el propietario cumple íntegramente el derecho comunitario y ha registrado que está dispuesto a asumir el coste de su propietario», ha especificado Navarro al finalizar el CAG celebrado hoy en Bruselas, en el momento en que la Comisión Europea envió al Veintisiete la «evaluación preliminar» realizada por los servicios de interpretación y traducción sobre el impacto financiero que debería pasar de 24 a 27 lenguas. La información, que advierte de ofrecer cifras muy aproximadas, se basa en la experiencia de incorporar el gaélico a las lenguas oficiales de las instituciones y asciende a 132 millones de euros al año el coste de la petición española, 34 millones por lengua. Según el sistema de aplicación de la ley de la UE, el costo real dependerá de una gran cantidad de factores, como la disponibilidad de intérpretes y traductores (que fue muy limitada en el caso irlandés) y el uso de inteligencia artificial.

Los diplomáticos belgas -un país con tres lenguas oficiales, el holandés, el francés y el alemán- han confirmado a La Vanguardia su disposición, como futura presidencia permanente del Consejo, a seguir analizando la petición española. «Bélgica está dispuesta a tomar medidas adecuadas sobre esta cuestión durante nuestra presidencia, con especial atención a los diferentes análisis sobre las implicaciones jurídicas, políticas y prácticas solicitados por los Estados miembros», afirma, planteando la necesidad de más debates a nivel técnico antes de recurriendo a elevar la discusión al plano político o plantándose para tomar una decisión. Navarro, hablando en este caso más como secretario de Estado de España que como presidente de turno del CDO, aseguró que el Gobierno confía en resolver «rápidamente» los problemas pendientes y puede «avanzar rápidamente» pero evitó caer en compromisos con un calendario concreto.

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