El PP tiene una mayoría absolutísima en el Senado con solo 1,6 puntos de ventaja sobre el PSOE

Una escuálida ventaja de un 1,6 % sobre el PSOE, algo menos de un tercio de los sufragios y una aplastante victoria en hectáreas conquistadas electoralmente, 371.584, el 73 % del territorio, otorgaron una apabullante mayoría absoluta al PP en el Senado. Sus 120 asientos sobre los 208 que eligen directamente los ciudadanos suponen el 58 % del total y 48 escaños de ventaja sobre el PSOE. Así, el 1,6 % de distancia en votos se convirtió al traducirlo a butacas en un 23 %.

Tal desproporción puede interpretarse como un efecto natural del sistema mayoritario del Senado. Sin embargo, pesa también lo que la ciencia política denomina el “sesgo conservador del sistema”, la forma elegante y un tanto opaca de describir un tablero de juego electoral inclinado a la derecha, mucho más de lo que ya lo está el del Congreso.

En 2004 y 2008 Rajoy le ganó en senadores a Zapatero pese a obtener un menor número de votos

La expresión del “voto de las hectáreas” hizo fortuna en la transición para criticar el fijo de dos escaños que se concedía a cada provincia en el Congreso, con independencia de su población. Es la razón por la que el sufragio de un madrileño y un barcelonés vale cuatro veces menos que el de un turolense y un soriano. Como Madrid tiene 37 diputados, Barcelona 32, Teruel 3 y Soria 2, es una hipérbole, pero que en el Senado deviene verdad absoluta.

Al margen del estatus especial de las islas y de Ceuta y Melilla, cada provincia tiene 4 senadores. El voto de un soriano vale 76 veces más que el de un madrileño, y Barcelona y Madrid tienen una representación un 85 % inferior a lo que les corresponde por población en la Cámara Alta. La comunidad con más senadores es Castilla y León. Allí el PP sacó el 2 % del voto total español y el 13 % de los asientos del Senado.

No obstante, abundan ejemplos de países con estructuras federales en los que la cámara de representación territorial se configura en condiciones de igualdad entre los estados, como Brasil o Estados Unidos, si bien se van renovando parcialmente. Pero España no es un estado federal, sino, en palabras de Manuel Fraga, un “estado compuesto”, que en cualquier caso no tiene como base territorial a las anticuadas provincias sino a las autonomías. Éstas, además, escogen a esa quinta parte de senadores que les corresponde de forma proporcional, frente al criterio mayoritario provincial.

“El Senado es la cámara de representación territorial”, según el artículo 69.1 de la Constitución. Sin embargo, sería impensable un debate sobre, por ejemplo, las políticas del agua en el que los territorios defendiesen sus posturas. Es un Congreso bis, vacío de contenido, salvo el de aprobar la intervención de un gobierno autonómico como el de la Generalitat a través del artículo 155 de la Constitución. Entre sus funciones reales están la de financiar a los partidos y aforar a sus viejas glorias en el Supremo.

Ese reparto territorial de escaños trucado se superpone con la sociología de una España rural orientada atávicamente a la derecha. De ahí surge esa ventaja conservadora que Alberto Penadés, profesor de Sociología de la Universidad de Salamanca, y su colega Ignacio Urquizu, de la Complutense, constataron al estudiar las elecciones de 2004.

El sistema del Senado es mayoritario, con voto limitado y en listas abiertas. Son elegidos los cuatro aspirantes más votados por provincia, aunque el elector sólo puede escoger a tres, a fin de dejar un espacio a la minoría, y puede mezclar candidatos de varios partidos. Este modelo lleva a Interior, encargado del recuento, a no facilitar datos totales del escrutinio, mientras en su base de datos ofrece un listado caótico.

Pero como los electores acostumbran a votar al Senado en bloque, a los tres candidatos de un partido, a menudo el mismo que en el Congreso, se pueden calcular los votos, como sostienen Penadés y Urkizu, atribuyendo a cada partido los de su candidato más apoyado en cada provincia. Así, mostraron que en 2004 el PP superó a los socialistas por 9 escaños con 7 puntos y 1,8 millones de votos menos. En 2008 volvió a pasar: el PSOE se impuso por unos 900.000 votos, con 13 senadores menos.

Este fenómeno, que “no es coherente con el principio mayoritario de representación” según los politólogos, contribuyó a que con esa ventaja de 1,6 puntos del 23-J, algo superior a la del Congreso, el PP se hiciese con un dominio aplastante. Esta es la sexta mayoría absoluta del PP, dos de ellas logradas con porcentajes de voto muy escasos, en 2015 y 2016, a tenor de los resultados del Congreso, al igual que sucedió con la del PSOE de abril de 2019, cuando aprovechó la atomización extrema de la derecha.

El sistema electoral no siempre favorece al PP, pero, diseñado por la conservadora UCD, está hecho a su medida.

Lee también

You may also like...