El presidente de Túnez destituye a Najla Buden, la primera jefa de Gobierno del mundo árabe | Internacional

Aunque su nombramiento fue acompañado de una cierta rimbombancia histórica, con la prensa local e internacional destacando su condición de primera mujer en ocupar el cargo de jefa de Gobierno en todo el mundo árabe, Najla Buden ha salido por la puerta de atrás del Ejecutivo tunecino. El presidente Kais Said, que ha ido acumulando poderes tras una especie de “autogolpe” en verano del 2021, cesó a Buden la medianoche del martes y nombró en el cargo a Ahmed Hachani, un hasta ahora desconocido funcionario del banco central, donde dirigía la sección de Recursos Humanos.

Hace dos años, la propia elección de Buden, geóloga y catedrática de la universidad tunecina El Manar, de 65 años, fue acogida también sorpresa, pues tampoco se había significado nunca en la escena política del país y la mayoría de tunecinos nunca habían oído hablar de ella. La decisión era coherente con la visión de Said, elegido como independiente y hostil a los partidos políticos. Desde principios de este año, su régimen ha encarcelado a más de una veintena de personalidades políticas de la oposición de toda ideología, pero buena parte de ellos pertenecientes al histórico movimiento islamista Ennahda.

En sus dos años como jefa de Gobierno —un cargo equivalente al de primer ministro—, Buden ha mantenido un perfil político bajo. “Su principal responsabilidad consistía en sonreír mansamente ante las peticiones de Said”, ha escrito en Twitter la analista Monica Marks, en referencia a los habituales vídeos difundidos por la Secretaría de Comunicación en los que, sentados en el despacho presidencial, Said aleccionaba a una silenciosa Buden sobre los problemas del país. Este tipo de grabaciones son el principal medio a través del cual Said se comunica con la población.

Retrocesos en los derechos de la mujer

“Desgraciadamente, ella ha servido para embellecer la imagen del Gobierno posterior al 25 de julio [día del autogolpe de Said], y la imagen de Túnez a nivel internacional. Las feministas pedimos que le fueran asignadas todas sus prerrogativas para desempeñar su rol, pero no sucedió. El machismo ganó”, comenta la activista Ahlem Bousserwel, que recuerda cómo bajo su administración se han registrado algunos retrocesos para los derechos de la mujer. Entre ellos, la retirada de la obligación de la paridad de género en las listas electorales.

No es fácil desentrañar las motivaciones de los actos de Said, un presidente opaco, hostil a la prensa y que no ha dado una sola rueda de prensa desde su ascenso al poder. Una vez más, no ha ofrecido ninguna explicación pública sobre el relevo de Buden. Sin embargo, la mayoría de analistas coinciden en vincularlo con la negociación de un crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el asunto que domina el debate político en un país que atraviesa una grave crisis financiera. “Said quiere que el Estado hable con una sola voz, no quiere voces discordantes, y varios ministros han expresado opiniones que se contradecían con la del presidente en la cuestión de la negociación con el FMI”, comenta el profesor Tarek Kahlaoui, bien conectado con el entorno presidencial.

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Sin ir más lejos, el pasado viernes, el ministro de Economía, Samir Said, dijo en una comparecencia en el Parlamento que el acuerdo con el FMI era “clave” para Túnez, una posición contraria a la del presidente del país, que prefiere dilatar la firma del crédito con la institución financiera internacional. Durante los próximos días, Hachani deberá presentar la composición de su Gobierno. “No creo que haya una remodelación profunda, pero seguramente sí que cambiarán todos los ministros con carteras relacionadas con la economía. Es una forma también para el presidente de culpar al Gobierno de los problemas de escasez de algunos alimentos en el país”, sostiene Kahlaoui.

En otoño del año pasado, el Gobierno tunecino llegó a un principio de acuerdo con el FMI para aplicar un programa de ajuste estructural a cambio de un préstamo por valor de 1.730 millones de euros. No obstante, Said rechazó el pacto al considerarlo una imposición, y las conversaciones están en vía muerta. La firma del préstamo con el FMI es una condición para que la Unión Europea desembolse a Túnez una ayuda por valor de unos 1.000 millones de euros (457 millones de euros), según un acuerdo firmado hace un par de semanas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Ahora bien, después de que en las últimas semanas Arabia Saudí haya depositado unos 500 millones de dólares en el banco central de Túnez, los expertos consideran que Said puede tener fondos suficientes para mantener a flote la economía tunecina hasta 2024, sin recurrir al apoyo del FMI. A su favor también juega una buena temporada para el sector turístico, uno de los puntales de la economía tunecina.

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