Largas colas en el Gran Bazar de las divisas de Estambul

Ricamente ataviada y con bolso Louis Vuitton en mano, una turista cambia divisas en una de las múltiples casas de cambio de Estambul. Ya lo ha llenado con varios fajos de liras que no se molesta en ocultar. Se va de compras, el cambio le favorece y se encuentra en el lugar ideal para desprenderse de todo ese contingente de papel infravalorado que lleva de cráneo a los turcos. Las casas de cambio del Gran Bazar son las que tienen los mejores precios y las colas más largas. Pero no todos son turistas.

Desde que la inflación se encuentra desbocada, los turcos están invirtiendo en moneda extranjera, oro, criptomoneda, joyas y otros activos que ven como una apuesta más segura que la lira turca, que ha perdido más del 80% de su valor en los últimos cinco años. “Hay un cierto ambiente de pánico”, explica Erdem, Edu para los turistas españoles, experimentado guía que ha incluido el estado de la economía del país entre sus temas prioritarios que tratar con los visitantes. “La gente piensa que el precio del dólar y del euro seguirá subiendo, por eso los turcos estamos invirtiendo en comprar esas monedas, así que si me quieren dar alguna gratificación al final de la visita, por favor, háganlo en su moneda. Así me evitarán tener que ir a cambiarlas al Gran Bazar”, ironiza el guía, no sin un poso de realidad de fondo.

El cambio de la lira turca frente al euro se mantenía en mínimos históricos (0,034)

Esta semana, el cambio de la moneda otomana frente al euro se mantenía en mínimos históricos (0,034 euros). Según los economistas, su colapso es el resultado de una era de mala gestión económica por parte del recién reelegido presidente Recep Tayyip Erdogan, quien en los últimos años ha presionado al Banco Central a recortar los tipos de interés a pesar de la alta tasa de inflación del país. Desde que ganó unas reñidas elecciones el pasado mes de mayo, Erdogan ha intentado ajustar el rumbo de la economía poniendo a dos pesos pesados al frente de instituciones estratégicas como el Banco Central del país, presidido ahora por Hafize Gaye Erkan, y el Ministerio de Finanzas, con Mehmet Simsek, quienes han ido elevando progresivamente los tipos con el fin de frenar la escalada de precios.

Turistas ingleses y americanos viajan a Turquía atraídos por el cambio favorable

“Nos hemos comprometido con mantener políticas favorables al mercado basadas en normas. El programa económico a medio plazo, cuya presentación está prevista para principios de septiembre, incluirá reformas estructurales y políticas encaminadas a restablecer la salud fiscal, mejorar el equilibrio exterior y apoyar la desinflación. La elaboración de políticas basadas en normas es crucial para salvaguardar la estabilidad macrofinanciera, aumentar la resistencia frente a los choques y promover un crecimiento fuerte y sostenible. Por consiguiente, confiamos en que nuestros esfuerzos repercutan positivamente en la calificación crediticia de Turquía”, tuiteaba el ministro Simsek el pasado 10 de agosto ante las reservas expresadas por Moody’s.


En el Gran Bazar se vive pendiente del carrusel de precios de las divisas 

Bloomberg

Y es que la lira sigue cayendo y lo ha hecho durante todo el verano, ajena a los reajustes y ahogando todavía más a las familias turcas. De ahí que los turcos vuelvan a hacer cola en el Gran Bazar, el mercado cubierto más grande de Turquía, donde turistas y estambulíes se dan la vez estas semanas de verano. Para los segundos es el lugar por excelencia al que acuden para comprar el oro que habitualmente se regala en bodas y nacimientos, y que las familias guardan en casa a modo de ahorros para protegerse de las continuas devaluaciones de su moneda. De momento, empero, no se ha llegado al punto crítico del 2018, cuando Erdogan promovió una “movilización nacional” de sus ciudadanos para reactivar la economía turca. Entonces, millones de dólares y euros fueron cambiados por liras.

La lira turca ha perdido más del 80% de su valor en los últimos cinco años

Hoy las cosas son un poco diferentes y gracias en parte a que Estambul se ha convertido este verano en uno de los destinos más atractivos del Mediterráneo para turistas de países como Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido. El motivo es precisa y curiosamente la debilidad de la lira turca, una devaluación que finalmente contribuirá a que el país pueda cerrar el año superando los 45 millones de turistas.

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