minorías fanáticas amenazan y maltratan a los trabajadores árabes en Israel

Las guerras no son solo penosas por lo que sucede en el campo de batalla, tienen deformaciones sociales añadidas como sucede hoy en Israel donde se multiplican los casos de racismo anti árabe por parte de minorías muy reducidas pero estridentes del país.

El brutal ataque de la banda fundamentalista Hamas el 7 de octubre que masacró a más de 1.400 civiles israelíes, disparó situaciones por momentos graves, con amenazas y presiones contra los trabajadores árabes israelíes que cumplen todo tipo de tareas en el país, como sus compatriotas no árabes.

En Tel Aviv, por ejemplo, el llamado triángulo de comunidades árabes al norte de esa ciudad y en Galilea, aportan un gran número de trabajadores, pero solo 60% se ha presentando a su empleo. Hay una dificultad creciente por este problema con los conductores de los colectivos y con los empleados de supermercados, según una investigación en los medios, entre ellos de diario Haaretz.

El caso más brutal fue reportado por ese diario e involucró el abuso durante casi un día por parte de algunos soldados y colonos que detuvieron y esposaron a tres palestinos de la aldea de Wadi as-Seeq en Cisjordania. Los golpearon brutalmente, los desnudaron hasta quedar en ropa interior y los fotografiaron esposados. Sus captores orinaron sobre dos de ellos. Las autoridades investigan el caso y las sanciones a los militares involucrados.

Palestinos cruzan un control israelí en Belén, Cisjordania. Foto: EFE

Este fenómeno racista ha incluido llamados a empresarios para que dejen de emplear personas de origen árabe, a pesar de las leyes que prohíben la discriminación en el lugar de trabajo. “¿Qué esperan que hagamos? ¿Despedir trabajadores sólo porque son árabes? se preguntó un comerciante consultado por la prensa. “Toda la economía depende de los trabajadores árabes, particularmente en envasado de carne, construcción y reparto”, explicó.

Según datos de de la Federación Nacional del Trabajo, entre los choferes de autobuses sólo 4% de los conductores de Jerusalén Este están cumpliendo con sus obligaciones laborales. Los empresarios suben la cifra a 40%, pero en cualquier caso, es una cifra baja que también tiene un impacto significativo en el transporte público.

Violencia

Las razones de ese repliegue ha sido la proliferación de amenazas y malos momentos con algunos pasajeros. Hubo intentos de ataques contra estos conductores árabes en la estación central de los micros. En las redes aparecieron comentarios del tipo de «con estos animales… sólo la fuerza».

Haaretz señala que no solo sucede en las redes. Los choferes llegaron una mañana a la estación en el barrio de Ramot y encontraron grafitis que decían “muerte a los árabes” y “Kahane tenía razón”, una referencia al fallecido rabino racista y furiosamente anti árabe Meir Kahane, cuyo partido Kach fue prohibido en la Knesset debido a su virulente xenofobia.

En un caso, un pasajero exigió a un conductor árabe israelí que antes de seguir adelante debía gritar “abajo Hamas”. Es complicado. En tiempos de guerra los conductores tienen tareas adicionales, cuando suenan las alarmas deben evacuar el vehículo y llevar a la gente a un refugio.

Musulmanes palestinos ingresan a Israel desde Cisjordania. Foto: EFEMusulmanes palestinos ingresan a Israel desde Cisjordania. Foto: EFE

Los pasajeros dependen del entrenamiento del chofer y de la confianza que se le debe depositar. «Es inaceptable que los conductores tengan que temer las amenazas físicas a sus vidas además de las amenazas de los cohetes», dice el sindicalista del sector Eitan Cohen.

“Esto suele suceder siempre que hay guerra, está el caso del maltrato significativo a la diáspora japonesa después del ataque a Pearl Harbor”, recuerda un colega israelí en charla con Clarín., “Pero depende de las autoridades proteger a esta gente que son también israelíes y eso no sucede”, afirma. En estas circunstancias, con la guerra encendida, es ciertamente poco lo que se hace.

Piedras y paradas destrozadas

Han habido incidentes con lanzamientos de piedras a los colectivos y los conductores debieron detenerse. También paradas de autobuses destrozadas y otra vez los grafitis. De noche es peor porque los choferes tienen temor de quedar solos con una barra fanática repudiándolos.

En los comercios sucede lo mismo. Hubo manifestaciones, si bien muy minoritaria, frente a algunos supermercados demandando que los dueños echen a los árabes israelíes acusados de ser partidarios del terrorismo. La situación es tan compleja que muchos empleados decidieron renunciar. Otros tuvieron más suerte y fueron traslados a otras sucursales de las cadenas, en especial las que atienden a clientelas específicas de la comunidad ultra ortodoxa.

En septiembre, el ministerio de Transporte prometió establecer unidades de seguridad para los micros policías patrullando en motocicleta. Se le asignó un presupuesto anual de 5 millones de dólares a esta iniciativa. El programa debería encargarse de cualquier amenaza o violencia contra los conductores, pero hasta el momento nada ha sucedido y menos se espera que comiencen a funcionar en medio de la actual coyuntura.

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