Partido Republicano de Chile: Cristóbal Rovira, académico: “Cuando se mimetiza la derecha convencional con la ultraderecha, gana esta última”

Cristóbal Rovira, académico. Partido Republicano de Chile
Cristóbal Rovira en su casa en Santiago, Chile.SOFIA YANJARI

El académico Cristóbal Rovira, doctor en Ciencia Política de la Universidad Humboldt de Berlín, lleva años estudiando a las derechas extremas alrededor del globo, un fenómeno que en los últimos años ha emergido con fuerza en diferentes latitudes. Chile no es la excepción, porque, según el académico, las propuestas del Partido Republicano, liderado por José Antonio Kast, “son similares a las que levanta la derecha radical a nivel global”. Esta fuerza política fue la gran ganadora de la última elección de consejeros constitucionales, en la que logró 23 de los 50 escaños. Y desde esa fecha, su influencia en la política chilena se ha hecho notar. Esta semana, la derecha tradicional -compuesta por los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN) y Evópoli- decidió plegarse a su postura y apoyar una acusación constitucional que buscaba la destitución del ministro de Desarrollo Social, Giorgio Jackson, compañero de ruta del presidente de izquierdas, Gabriel Boric, en medio del caso Convenios. No llegarán a presentarla: Jackson presentó su renuncia al Gobierno.

Rovira analiza esta jugada y adelanta los posibles escenarios que puede abrir una mayor cooperación entre ambas derechas en el país sudamericano. Para el académico del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, el gran riesgo es que “los republicanos terminen poniendo la música”.

Pregunta. ¿Qué representa para Boric y para las derechas, respectivamente, la renuncia de Jackson?

Respuesta. Para Boric es un misil directo al corazón por lo que representa Jackson simbólicamente como amigo y compañero de ruta desde los inicios. Esto demuestra que el Frente Amplio ha ido perdiendo tonelaje, mientras que el Socialismo Democrático [de la derecha moderada] va ganando más. Hay que ver cómo se va a llenar ese cupo, pero la salida de Jackson es sin duda un golpe duro para el corazón frentemaplista. Por el lado de las derechas, hay que ver cómo se lee esto. Republicanos va a decir que lo ocurrido es gracias a ellos y la derecha convencional va a decir que esto demuestra cómo hay que actuar en ciertas situaciones. Pero habrá que ver si esto va a funcionar como un acuerdo puntual entre ambas derechas o si será la tónica de cómo van a seguir actuando a futuro.

P. ¿La salida de Jackson es un triunfo de los republicanos o más bien de la derecha convencional?

R. La derecha en su conjunto estaba dispuesta a mostrar los dientes en el Parlamento. Técnicamente, es la primera vez que vemos que esa coalición existe y que está operando en la práctica. Pero la idea, el motor de esto, no vino de la derecha tradicional, sino que desde la ultraderecha. Esto lo que siembra es una posibilidad futura de que sea la ultraderecha la que ponga la idea y la otra se sume con los votos.

P. ¿Cómo observó el apoyo de la derecha tradicional a la acusación contra Jackson, que finalmente no se presentará?

R. Tenemos una lucha entre la derecha convencional y esta otra derecha que es mucho más extrema o ultra. Hasta hace poco era la derecha tradicional la que llevaba la batuta y ahora lo que estamos viendo, por primera vez de forma más evidente, es todo lo contrario. En el proceso constitucional, la derecha tradicional se la jugó por llegar a un acuerdo con el Gobierno y quedó fuera de ese acuerdo el Partido Republicano. Ahora vemos lo inverso: los republicanos pidieron la cabeza de Jackson y los otros se sumaron, lo que demuestra que los partidos tradicionales de este sector, que hasta ahora había aparecido poniendo cortapisas, están botando esa muralla y apostando a formar una alianza. Hay que ver si esta es una tendencia que va a llegar para quedarse o solo un hecho puntual.

P. ¿Está la derecha histórica mimetizándose con el Partido Republicano?

R. Es difícil hacer la profecía de qué es lo que va a pasar a futuro, pero es una posibilidad real. Y hay que enfatizar que, a nivel académico, lo que sí sabemos es que cuando se mimetiza la derecha convencional con la ultraderecha, quien gana es esta última. Porque en el fondo es la que pone la música y los otros simplemente tocan los instrumentos de quien está guiando la orquesta. Es un desafío para el sistema democrático y lo sabemos. Estados Unidos es el mejor ejemplo. El Partido Republicano apoyó a Donald Trump y miremos dónde está hoy. No existe ninguna voz moderada y las que pocas que hay están en una esquina.

P. El expresidente Sebastián Piñera dijo hace unos días que el bloque de derecha tradicional Chile Vamos debe aspirar a una gran alianza desde la derecha republicana a Amarillos, Demócratas e Independientes, los sectores del centro. ¿Lo ve posible?

R. Piñera dice que tienen que lograr un acuerdo desde la ultraderecha hasta la Democracia Cristiana para reflotar una Concertación, como lo que hizo Chile en los años 90 con la centroizquierda. Pero lo que olvida es que la Concertación dejó a una parte de la izquierda afuera, la más dura, el Partido Comunista (PC), que estaba por la insurrección armada, que no es el PC de ahora. Si uno es benevolente con Piñera y no tiene ninguna teoría maquiavélica ni nada por el estilo, veo un poquito de ingenuidad en la comprensión del riesgo de lo que implica Kast en su proyecto, sobre todo cuando el potencial de esa ultraderecha es gigantesco. El error que comete Piñera en su diagnóstico es pensar que una potencial coalición va a permitir que ambas derechas se hablen de codo a codo, de tú a tú. Creo que eso no va a suceder.

P. Hemos visto que la UDI -que mostró una faceta dialogante en una primera etapa del Gobierno de Boric- endureció su posición a propósito del caso Convenios, cortando el diálogo con La Moneda. ¿Por qué lo hizo?

R. Creo que tiene que ver con esta tensión. Intuyo -y habría que preguntarle a Javier Macaya [presidente de la UDI] directamente y ojalá con tres vasos de whisky para que confiese- que parte del problema que tiene es que en las bases de la UDI claramente hay segmentos que se sienten muy confortables con el tipo de argumentos que desarrolla Kast. Eso él lo tiene que percibir. Me imagino que en más de algún encuentro con votantes de la UDI le deben decir: “¡Hasta cuándo va a seguir hablando con el Gobierno!”. Y entonces mueve el péndulo en otra dirección apostando a que, de esa manera, puede conquistar esa base. Pero el problema que tiene la derecha convencional es que parte de su electorado y de sus liderazgos –no todos– se sienten cómodos con las ideas que profesa el Partido Republicano.

Cristóbal Rovira durante una entrevista para EL PAÍS.
Cristóbal Rovira durante una entrevista para EL PAÍS. SOFIA YANJARI

P. ¿Existe una guerra intestina entre las dos derechas -la histórica y la extrema- por el nivel de dureza en la oposición a Boric?

R. Yo creo que el problema sería que lleguemos a ese momento. Porque si la apuesta es que quién le pega más fuerte al Gobierno gana la batalla, claramente va a ganar la ultraderecha, no hay duda. El ejercicio de la derecha convencional debiera ser completamente el contrario y pensar: “Ambos estamos en el campo de la derecha, tenemos determinados parecidos, pero hay cuestiones que nos diferencian”. Y parte de esas diferencias es que están dispuestos a sentarse a la mesa con sus enemigos –Boric y el Frente Amplio–, para llegar a acuerdos, como fue el acuerdo constitucional.

P. ¿Cuánto ayuda a posturas más extremas, como la de republicanos, los escándalos de corrupción que enfrenta el oficialismo de izquierda con el caso Convenios?

R. Es que ese es el gran problema de este Gobierno, eso es lo tragicómico. Porque gran parte del éxito de esta ultraderecha tiene que ver con los fracasos del Gobierno. Son tantos los errores propios que cometen que facilitan que la agenda ultraderecha y la derecha. En la medida que el Gobierno comete más autogoles es más fácil criticarlo.

El profesor Cristóbal Rovira.
El profesor Cristóbal Rovira.SOFIA YANJARI

P. La alcaldesa UDI Evelyn Matthei aparece en la encuesta CEP como la mejor valorada entre los políticos chilenos. ¿Tiene la fuerza en esta ocasión como para parar a Kast?

R. En esto somos tan malos futurólogos como los economistas y quienes leen el clima. Es verdad que Evelyn Matthei está bien posicionada al interior de la derecha convencional, pero insisto en que son arenas movedizas. Mañana puede aparecer otra figura que se levante en las encuestas. En la historia reciente de nuestro país ha sucedido mucho esto.

P. ¿Veremos hasta 2025 una disputa entre la derecha liberal y la derecha conservadora?

R. Mucho va a depender de si ellas avanzan en los próximos meses hacia establecer un diálogo. Ya vimos en el proceso constituyente que corrieron en listas separadas. Y creo que el segundo test importante será lo que ocurra para las elecciones de alcaldes [2024] y si irán separados o no. Pero si ambas derechas están dispuestas a correr juntas en una primaria, creo que van a hacer un pacto con el demonio, porque se van a obligar a apoyar al que gane. El verdadero test será en ese momento.

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