Si las personas pudieran cruzar legalmente, las mafias no existirían

Esa noche no había Luna. Ese 3 de octubre de 2013 el mar era una boca de lobo. Y el barco, un pesquero castigado y con su línea de flotación aplastada por el peso de 600 migrantes de todas las edades, se varó a pocos metros de tierra firme. La isla de Lampedusa estaba allí, a un respiro, pero casi no se la veía. Las mujeres, los chicos, los hombres habían salido de Libia dos días antes, pero la ruta empedrada había arrancado mucho más atrás en Eritrea o Etiopía.

La desafortunada idea de encender una bengala fue la destrucción total. El final para 368 personas. Un barco volcado. Un mar regado de cadáveres. La postal obscena de pequeños ataúdes para bebés, algunos aún con su cordón umbilical.

Un desastre que dejó a Europa perpleja. De luto. Con fuerzas de un “nunca más” que arrancó envalentonado y terminó enterrado.

Diez años después, el Mediterráneo sigue siendo un cementerio de bebés, de mujeres embarazadas probablemente porque fueron violadas, de hombres torturados y de chicos que se lanzaron solos a Europa para ayudar a sus familias desde un lugar “mejor”.

¿Por qué los naufragios se repiten una y otra vez en el Mediterráneo Central? Clarín conversó con el argentino Juan Matías Gil (43), quien hace 15 años se unió a Médicos Sin Fronteras (MSF) y hace unos ocho está involucrado en el proyecto de búsqueda y rescate de migrantes a la deriva en una las rutas más peligrosas del planeta.

Juan Matías Gil, argentino, de Médicos Sin Fronteras. Foto: MSF/Stefan Pejovic

Desde Roma y como Jefe de Misión del barco «Geo Barents» de búsqueda y rescate de MSF en el Mediterráneo, Gil, quien estudió Economía en la UBA y Derechos Humanos en la universidad de Sant’Anna de Pisa, recuerda que la desgracia de Lampedusa dio lugar a una buena obra: “la formación de una operación llamada Mare Nostrum de búsqueda y rescate”.

“Ese año -dice-, se rescataron 140 mil personas” en un operativo “siempre liderado y coordinado por la guardia costera italiana”.

Pero, para fin de año “se acusó al programa de ser un factor de atracción, entonces le cortaron el financiamiento”.

Una espiral de malas decisiones

Lo que siguió fue una espiral de decisiones políticas desafortunadas que se tradujeron en nuevos naufragios y nuevas muertes hasta el día de hoy.

“En abril de 2015, hubo tres incidentes donde murieron unas 1.000 personas y MSF decidió hacer frente a esta crisis humanitaria pensando que iba a durar poco, sabiendo que estábamos en una situación en la que la gente moría en las puertas de Europa, en muchos de los Estados más poderosos del mundo».

Rescate en el mar. Foto: MSF/Stefan PejovicRescate en el mar. Foto: MSF/Stefan Pejovic

Médicos Sin Fronteras y sus barcos se lanzaron a llenar el agujero que había dejado el desmantelamiento de Mare Nostrum.

“Pedíamos que implementaran vías seguras y legales para que la gente no tuviera que arriesgar su vida cruzando el Mediterráneo de manera precaria en barcas inestables y peligrosas. Pedíamos que se restituyera el mecanismo de búsqueda y rescate con un claro mandato de salvar vidas y que se pusieran condiciones dignas de recepción en los países donde desembarcaban”, enumera Gil.

-Después de 10 años, estamos con un retroceso en estas tres áreas que tocan esta crisis (…) Nunca se instituyó un mecanismo de búsqueda y rescate.

Europa se enredó en una puerta giratoria de desayuda. Primero abandonó Mare Nostrum. Pero con el fin de terminar con el tráfico de personas y controlar las fronteras, siguió haciendo rescates hasta 2018, cuando los interrumpieron.

“Hoy lo único que hacen es avistaje aéreo, entonces no tienen capacidad de rescatar. La terminación de estas operaciones determinó que las barcas lleguen autónomamente a Lampedusa. Hoy de las 130 mil personas que llegaron a Italia este año lo hicieron por sus medios a la isla, cuando en 2015, de las 160 mil personas que llegaron a Italia, solo 9.000 llegaron a la isla. La crisis que se vive hoy en Lampedusa fue totalmente generada por las decisiones políticas tomadas”, sentencia Gil.


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-Europa culpa a las mafias de tráfico de personas. ¿Qué opina?

-Por supuesto que no, las mafias han encontrado un negocio, un medio, dadas las políticas, dada la desesperación de las personas que toman sus propias decisiones de escapar de sus países, sea por guerras sea por dictaduras, cambio climático afectando su economías. Estos son los motivos por los cuales las personas escapan. Y el porqué mueren es por no tener maneras legales y seguras para hacerlo. Y siguen muriendo porque los mecanismos que había en el mar se han retirado y se los deja morir.

Acuerdos con terceros países

Europa dio un paso más en su pendiente de decisiones desacertadas: firmar acuerdos con países de dudosa reputación cuando se trata de derechos humanos.

Las muertes que sufrimos en el Mediterráneo son una mera consecuencia de las políticas migratorias que Europa, dice Gil. Foto: MSF/Stefan PejovicLas muertes que sufrimos en el Mediterráneo son una mera consecuencia de las políticas migratorias que Europa, dice Gil. Foto: MSF/Stefan Pejovic

“Europa sigue haciendo acuerdos para contener la migración, lo hizo en 2016 con Turquía, en 2017 con Libia. Ahora quieren replicar las mismas políticas fallidas con Túnez y todo esto al precio de cero monitoreo y respeto de los derechos humanos fundamentales”, se indigna. Agrega: “Si todas las personas pudieran cruzar legalmente, todas las mafias sencillamente no existirían”.

E insiste: “Las muertes que sufrimos en el Mediterráneo son una mera consecuencia de las políticas migratorias que Europa y sus Estados miembros han estado siguiendo en los últimos diez años”.

El azote de la guardia costera libia

Un ejemplo de esas políticas, es la creación en 2017 de la guardia costera libia, con el financiamiento y el entrenamiento de Europa. Según Gil, “los libios logran interceptar a las personas en aguas internacionales y devolverlas a territorio libio, donde las personas corren peligro, son sometidas a todos tipos de violaciones a los derechos humanos: torturas, secuestros extorsivos, violaciones, violencia…”.

“Esto fue el inicio de los obstáculos que se pusieron a los barcos de la sociedad civil que cubrían un vacío que dejaron los estados”, explica.

Migrantes en manos de la guardia costera libia. Foto: ReutersMigrantes en manos de la guardia costera libia. Foto: Reuters

–¿Cuál es hoy la situación de los barcos de las ONGs? ¿Cómo pueden operar?

– Un rescate termina en un lugar seguro, cuando se desembarca a las personas en un lugar donde la vida de los sobrevivientes no corra peligro, sus derechos sean respetados y sus necesidades básicas sean satisfechas. Al rescatar gente en el Mediterráneo, por definición, los que podrían acoger a estas personas son los estados de Malta e Italia. Ni Libia ni Túnez cumplen con estas condiciones.

-Desde principios de año, Italia ha pasado una ley que limita todavía más el rescate en el mar, dentro de nuestro punto de vista, contrario a la ley marítima internacional. Nos dicen que solo podemos ir a puerto cuando somos conscientes que hay otras situaciones de peligro sucediendo en el mismo momento. Nos mandan a puertos muy lejos, a 1.500 km del lugar de rescate cuando hay muchos puertos intermedios en el sur de Italia donde se podría desembarcar a las personas mucho antes. Esto no hace más que extender el sufrimiento de los sobrevivientes y demorar los servicios que necesitan como atención psicológica.

–¿En qué condiciones encuentran a los náufragos?

Están afectados por la condición del mar, están deshidratados, insolados, malnutridos, con enfermedades de la piel consecuencia del hacinamiento que viven en las rutas migratorias, sobre todo en Libia.

Los náufragos están deshidratados, insolados, malnutridos, con enfermedades de la piel, dice Juan Matías Gil. Foto: MSF/Stefan PejovicLos náufragos están deshidratados, insolados, malnutridos, con enfermedades de la piel, dice Juan Matías Gil. Foto: MSF/Stefan Pejovic

Entre los rescatados el año pasado, alrededor de un 25 o 30% eran menores de edad, la gran mayoría no acompañados. La lista sigue con mujeres embarazadas, “muchas de ellas fruto de embarazos no deseados, o con bebés muy pequeños”. Incluso tuvieron un parto a bordo.

-Europa acaba de acordar un nuevo pacto migratorio. ¿Qué le parece?

-El pacto que acaban de firmar en Europa es un compromiso muy macro. Por ahora palabras, promesas. Nos gustaría ver qué sale de concreto de eso.

-¿Cuáles son para usted las medidas fundamentales que deberían tomarse?

–Urgente: vías seguras y legales, corredores humanitarios, la posibilidad de solicitar protección internacional en países de origen y tránsito. Y no dejar morir a las personas en el mar con el mecanismo organizado y liderado por los estados. No instrumentar la migración sobre la piel de las personas para obtener votos y rédito político.

En tanto, este octubre, Lampedusa se prepara para recibir más inmigrantes.

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